Crisis existenciales: cómo soltar y reconstruir tu vida
- Jessica Barberán
- 26 mar
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 10 jul
Cuando no sabes cómo ha llegado ni cómo ha empezado, pero empiezas a notar que algo no encaja. Es difícil de explicar, pero una incomodidad se instala en ti, aparece en pequeños momentos y cada vez gana más presencia. Esa incomodidad te lleva a cuestionarte todo.
Es una sensación extraña, como si un plato que siempre disfrutabas de repente tuviera un sabor diferente, aunque la receta no haya cambiado.

No importa la edad ni la etapa en la que estés: las crisis existenciales nos atraviesan a todas en distintos momentos de la vida. A veces llegan de golpe, otras se filtran poco a poco, haciéndote notar que las piezas ya no encajan igual. Que el trabajo que un día te llenaba ahora pesa. Que hay relaciones que ya no te nutren. Que las rutinas que antes te daban paz, ahora te alteran. Es la sensación de estar transitando un cambio sin haberlo pedido, sin manual de instrucciones ni certezas sobre a dónde te llevará.
Y es aquí donde puedes tomar dos caminos. Resistirte al cambio, aferrarte a lo conocido aunque se sienta incómodo. Porque soltar da miedo. O hacerte cargo de esa incomodidad, soltar el control y confiar en tu intuición. Analizar esas emociones, esos nuevos pensamientos… y atreverte a preguntarte qué y por qué. Porque, honestamente, la mayoría de las crisis no traen respuestas inmediatas, sino una invitación a sentir, transitar el cambio con paciencia y compasión. Porque reconstruirte requiere soltar: soltar expectativas, soltar el miedo a defraudar a otros, soltar la idea de cómo “debería” ser tu vida.
No olvidemos que las crisis son, en realidad, procesos de transición. Espacios incómodos, sí, pero también necesarios. Son la sacudida que nos obliga a mirar lo que hemos estado evitando. Son la puerta que se abre cuando nos atrevemos a soltar. Y aquí las emociones tienen un papel fundamental. Especialmente la ansiedad. La ansiedad aparece cuando queremos respuestas inmediatas, certezas, garantías de que todo va a salir bien. Pero tal vez la clave no esté en controlarlo todo, sino en aprender a habitar la incertidumbre. En confiar en el proceso. En permitirnos ser, sin la presión de tener todas las respuestas.

Soy una persona que vive muchísimo en el presente y, honestamente, hasta hace unos años el futuro era algo lejano, algo que llegaría cuando tuviera que llegar. Pero en cada crisis empiezo a no solo ver el presente, sino a darle importancia al futuro cercano.
Y si tú también estás atravesando una crisis, te digo: mírate con perspectiva. Piensa en todas las crisis que has superado antes. Recuerda que aquello que un día sentiste como el fin, terminó siendo el comienzo de algo mejor. Aunque en su momento no pudieras verlo.
Cada crisis trae consigo una oportunidad disfrazada. La posibilidad de reinventarte, de descubrir lo que realmente quieres, de hacer espacio para lo que de verdad importa.
Así que respira. Suelta el control.
Y recuerda que cada crisis es solo el inicio de una nueva versión de ti.




Comentarios